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Reyes Magos contrabandistas


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, jueves, 6 de enero de 2011

Dice la Biblia en el Nuevo Testamento que tres reyes del Oriente guiados por una estrella llegaron hasta Belén para rendir pleitesía al hijo de Dios, Rey de Reyes, y le hicieron regalos de oro, incienso y mirra. Recordando este hecho, niños de todo el mundo reciben hoy obsequios, menos en Bolivia porque fuimos un país republicano que hoy se ha convertido en un Estado Plurinacional, Multicolor y Folclórico.

Al llegar esta festividad y como nunca vi un camello y al único rey a quien le di la mano fue al rey Pelé, mi comadre Macacha se compadeció de mi alma de niño y me dijo:

“Vamos a dar una vuelta por la frontera con Perú, ya sé que allí no veremos camellos pero veremos llamas (parientes de los camellos) y allí conoceremos a reyes magos contrabandistas…”.

leA falta de pan blanco, buenos son los ch’amillos —me dije— y montamos en mi motocicleta Hardley Davidson que ella condujo por los caminos al Desaguadero en un raid al que llamamos “Polleras al viento en busca de nuevos reyes magos”.

Al llegar al río Desaguadero pedí a mi comadre cochabambina que detuviera la máquina por unos momentos y que cerrara los ojos porque me entraron ganas de desaguar influenciado por el nombre del hermoso río, omitiendo relatar a mis lectores las necesidades biológicas que cumplo ritualmente cuando llego a las orillas del lago Titicaca.

La frontera con Perú es ancha y ajena, como diría el escritor peruano Ciro Alegría, así que la recorrimos libremente, mientras las llamas, las vicuñas y los guanacos huían al escuchar el potente rugir de nuestra motocicleta conducida por una poderosa cochabambina empeñada en conocer y hacerme conocer a los únicos reyes magos que convierten en oro la gasolina, el diésel y el gas licuado. Llevado de mi fantasía le dije:


“Aquello que viene debe ser un camello y seguramente trae en su interior a varios reyes magos”,

respondiendo la cochala:

“No sea usted crudo, compadre, eso que viene no es ningún camello, es un camión cisterna boliviano que va hacia el Perú con cientos de litros de gasolina”.

Sintiéndome un hombre de negocios, propuse a mi pariente espiritual comprar unos dos o tres camiones–cisterna para trasladar gasolina a los países vecinos y hacernos más ricos aún de lo que somos, propuesta que fue desechada por ella cuando me dijo:

“Dentro de nuestra amistad y parentesco espiritual, compadre, la única que sabe de negocios soy yo, usted lo único que sabe es escribir medianamente y por eso está fregado”.

Ante semejante verdad preferí callar, hasta que vi aparecer tres morenitos montados en sendas llamas que cargaban cuatro garrafas de gas licuado boliviano. Nos bajamos de la motocicleta y nos pusimos a conversar, uno se llama Gaspar, otro Baltasar y el tercero Melchor. Eran los reyes magos contrabandistas que vendían cada día esa pequeña cantidad de garrafas de gas en territorio peruano. Nos abrazamos, intercambiamos regalos y dimos vítores a los Reyes Magos, a la Aduana Nacional, al COA, a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional.

Al retornar, me dijo Macacha que ella continuaría siendo mi reina maga venida de Cochabamba.

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