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Abstinencia de carne


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, viernes, 11 de marzo de 2011

La abstinencia de carne durante los viernes de Cuaresma es cumplida por la mayor parte de nuestra población católica, unas veces por acatamiento de la norma eclesiástica y otras porque el precio del producto no está al alcance de algunos sectores pobres de nuestra población que asiste a las ceremonias cuaresmales mostrando figuras magras en contraposición a las estampas gordas y brillosas de los carniceros, también llamados “mañazos”.

En el Catecismo del padre Ripalda donde inicié el aprendizaje de mi imperfecta formación teológica, aprendí que “tres son los enemigos del alma: Mundo, Demonio y Carne”, sin alcanzar a comprender durante mi niñez cuando también me enseñaron que debería vivir en este mundo, a vivir entre amigos endemoniados y a gustar de “un lomo montado con dos huevos y papas fritas”, plato genial y contundente al que un día rebauticé con el nombre científico de lomo sapiens.

En las postrimerías de mi vida conocí a una cholita cochabambina que sabe mucho más que yo acerca del mundo, el demonio, la carne, y por eso ella posee mucho dinero, es inteligente y es guapa, de tez lozana y cumple sin haberse puesto a pensar demasiado acerca de los enemigos del alma que son tres: Mundo, Demonio y Carne.

Al hablar ayer, luego de habernos regocijado con un plato de “puchero cochabambino” que ella preparó en mi casa, me dijo: “Mañana que es viernes de Cuaresma se chupará usted los dedos luego de saborear varios platos que le invitaré de acuerdo con mi menú que le he llamado “Abstinencia de carne para mi compadre carnívoro”. Presintiendo que en el menú podrían aparecer un chupín de camarones, unas conchitas a la parmesana, un pulpo a la gallega, unos calamares rebozados, tragando saliva al recordar el sabor de esos frutos de mar, dije a mi comadre: “No prepare esos platos de mariscos porque son muy caros y usted sabe que mi economía no anda muy bien y que mis deudas con usted han subido al doble…”.

Mi comadre sonrió ante mi prematura observación y me dijo: “Yo soy la que invita y usted, compadre, es mi invitado; yo soy la que cocina, usted es el periodista que sufre para cumplir con la abstinencia de carne en viernes de Cuaresma. Así que no hable ‘yemadas’ y ponga la mesa”. Coloqué en la mesa una botella de vino de Rin llamado “Leche de la mujer amada” que no es una maravilla, pero está bien para mi comadre que es cholita y es, además amadita, como solía decir mi amigo Chalito Santos. Y poco a poco comimos las maravillas preparadas por mi pariente espiritual. Primero: papas a la huancaína con queso fresco y huevos duros. Segundo: chupe de camaroncillos. Tercero: humintas a la olla. Cuarto: humintas al horno. Quinto: ajicito de papalizas, aderezado con charque. Sexto: trucha a la mantequilla. Séptimo: arroz con leche.

Después del postre, mi comadre alzó su copa de vino blanco “Leche de la mujer amada” y dijo: “Brindo por mi compadre en este viernes de Cuaresma respetando la abstinencia de carne, porque según él: “La carne es flaca pero el espíritu es fuerte”.

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