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Bailarán si no llueve


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, martes, 1 de marzo de 2011

Atemorizado por la lluvia y el deslizamiento, permanecí en mi refugio alteño sin acudir al naiclú Malena la noche del viernes pasado, cuando deberíamos tratar el caso de un famoso general de Policía que asesoraba desde el Ministerio de Gobierno en su lucha contra el narcotráfico y fue sorprendido cuando trataba de introducir cocaína a Estados Unidos, causando malestar al señor Sacha Llorenti.

Desde la clandestinidad en la que vivo gracias al asilo que me brindó en una de sus casas mi comadre Macacha, me encerré en mi dormitorio y desde allí le comuniqué a mi pariente espiritual que no me molestara invitándome a salir porque en esta temporada he perdido la confianza en la meteorología y en los generales de la Policía.

No obstante de mi encierro voluntario, mi comadre Macacha consiguió introducir un papelito por debajo de la puerta en el que me decía: “Querido compadre: le ruego recordar la promesa de hombre que hizo usted a la Virgen del Socavón de bailar tres años seguidos en su honor, promesa que deberá reiterar o retirar mañana sábado a los pies de la mencionada Virgencita. Su hombría y su devoción están en juego. Atentamente, Macacha”.

Tuve que abrir la puerta y ella ingresó en mi habitación para ofrecer su colaboración para dirigirme a Oruro, al templo de la milagrosa Virgencita. Acepté su ofrecimiento y ella, montando en mi motocicleta Harley Davidson, me condujo a Oruro para que no incumpliera mi promesa formulada ante la Virgencita el año pasado, cumpliendo un nuevo raid que esta vez bautizamos “Polleras al viento rumbo al socavón”.

Mi viejo amigo el padre Jairo me recibió con un gran abrazo y al verme acompañado de la cholita cochabambina, me dijo: “Antes de ver a la Virgencita, tendré que confesarlos previamente”, respondiéndole como un caballero: “Primero las damas”, demorando la confesión de Macacha media hora, mientras la mía solamente cinco minutos. Impertinentemente pregunté a mi comadre si pecaba mucho cuando no estaba conmigo, respondiendo la cholita: “No sea tan sonso, compadre, lo que pasa es que yo tengo mucha plata y usted no tiene un centavo para pecar”.

Ante los pies de la Virgen, tuve que decirle que retiraba mi promesa de bailar en su honor tres años porque había llovido mucho en La Paz y en todo el país, y los damnificados sufrían mucho ante los desastre naturales, solidarizándome con ellos.

La Mamita del Socavón me miró con amor y me dijo: “He hecho cuentas acerca de tu promesa y perdonaré tu incumplimiento del próximo año, no así el correspondiente a este año”.

Le dije a la Virgencita del Socavón que, además, me sentía muy viejito para bailar este año con mi comadre Macacha, pero la Virgencita me dijo: “Macacha me acaba de confesar que no estás tan viejito y que todavía ‘soplas’”, piropo que me gustó, aceptando bailar este año más siempre que deje de llover. Y quedamos en eso. Bailamos en el último convite y milagrosamente no llovió.

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