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El diablo nunca duerme


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, sábado, 12 de marzo de 2011

Cuando supe que hoy es Sábado de Tentación, me santigüé tres veces, bebí medio litro de agua bendita y me dije: “El diablo nunca duerme”, y me hice el propósito de no ver a mi comadre Macacha y tampoco pensar en ella, porque tenemos itinerarios espirituales diferentes y a veces contradictorios.

Como medida preventiva, cerré mi casa por dentro, aseguré todas las ventanas, bajé las persianas y alisté medio turril de agua bendita para defenderme del diablo, quien seguramente me visitaría como lo hace todos los años en esta fecha cuando visita a las almas virtuosas con el fin de perderlas eternamente.

Cuando llegué a mi escritorio para colocar un crucifijo cerca de mi máquina de escribir y así poder defenderme mejor del diablo, sentí la voz cantarina de mi comadre Macacha, quien trató de acercarse a mí con la aviesa intención de darme un casto beso en la mejilla, algo que no le permití, pues, retrocediendo y con mi brazo extendido, puse entre los dos mi crucifijo de mano y exclamé con la fuerza que da la virtud: “¡Vade retro Satanás!”, pero como la chola cochabambina no sabe latín, echó a reír y me contestó: “Qué le pasa, compadre, ahora me llama Satanás y cuando viene hasta mí para prestarle plata, soy su comadrita adorada y la cholita más hermosa que llegó de Cochabamba…”.

Guardé mi crucifijo y desarmado al verla tan guapa, le pregunté cómo había ingresado en mi casa si todas las puertas estaban cerradas con llave, y cerrojos y ventanas se hallaban asegurados con clavos.

Con voz tranquila y serena, mi pariente espiritual me explicó que había tocado el timbre y le abrió la puerta principal un señor muy simpático con bigotes parecidos a los de Charles Bronson y que lucía una chompa roja de fina lana australiana, y que la invitó a pasar diciéndole que me encontraría en mi escritorio. Entonces caí en cuenta de que el diablo estaba en mi casa y que otra vez había venido a tentarme, utilizando como anzuelo a mi virtuosa comadre. Sin embargo, el astuto diablo no apareció aún ante mí para tentarme en forma personal.

Sin embargo, advertí un brillo extraño en los ojos de Macacha y una mirada algo maliciosa y más penetrante que de costumbre, cuando me dijo con voz fingida, ronca y romántica: “Qué va a hacer esta noche, compadre, cuando las estrellas nos dicen con extraños fulgores que hoy es Sábado de Tentación...?”.

Entonces reconocí que el astuto diablo me estaba hablando a través de los labios y el tono de mi comadre Macacha y cerrando los ojos recé tres avemarías para alejar de mí la tentación diabólica, pero comprendiendo que la carne es flaca, me dije: “Yo resisto todo, absolutamente todo, menos las tentaciones”, y me dirigí resueltamente hacia mi comadre y le dije con mi mejor voz de varón: “Comadre Macacha, esta noche será nuestra y te invito a bailar en el naiclú Malena que debe estar romántico este Sábado de Tentación”.

Mi comadre Macacha me rechazó porque no se sentía bien y le dolía la barriga, así que ella se fue a su casa y yo me quedé a dormir en la mía, no sin antes decirle al diablo: “Otra vez te ganó mi Ángel de la Guarda”.

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