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No habrá ch’alla en el Palacio


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, viernes, 04 de marzo de 2011

El Gobierno del presidente Evo decidió prohibir la tradicional ch'alla que los empleados públicos realizaban en las dependencias estatales con motivo del Carnaval, pidiendo a la Pachamama felicidad, alegría y eternidad en su desempeño administrativo, permitiendo solamente la ofrenda de k'oas que son ceremonias más sobrias.

Al conocer esa buena medida que está más de acuerdo con el dolor que hoy sufren millares de bolivianos, le dije a mi comadre Macacha: “Ya ve usted, comadre, cómo nuestros gobernantes han interpretado mejor que usted, suprimiendo las farras que se tiraban los empleados públicos en las dependencias estatales, manteniendo solamente la ofrenda de k'oas que estará a cargo de sobrios yatiris y condolidos funcionarios…”.

Ella quiso hacerse la desentendida ante mi mensaje y continuó probándose en mi delante las blusas y pollerines que lucirá mañana en la Entrada del Carnaval de Oruro, diciéndome: “Cada uno adora a sus dioses a su manera y yo lo hago bailando como lo hacían las mujeres judías en los tiempos bíblicos, mientras usted lo hará llorando como el profeta Jeremías…”.

La cholita cochabambina me pidió dinero de la plata que me había prestado para carnavales, pagó la cuenta, me tomó del brazo y me llevó por las calles del barrio de Chijini para comprar mis aderezos carnavaleros que estrenaría mañana.

En nuestro trayecto de compras, me metió en un almacén cuyos propietarios eran sus amigos y adquirió seis botellas de whisky Old Parr para que invitemos a nuestros amigos folkloristas de otras fraternidades en el hotel en que nos hospedaríamos. Por tratarse de la señora Macacha viuda de Racacha, nos cobraron sólo 1.200 bolivianos, lo cual pagué con gusto, porque eran parte de los 5.000 dólares que ella me había prestado para pasar unos lindos carnavales bailando en honor de la Virgencita del Socavón.

Me obligó a comprar unas hermosas botas para bailar, algunas pequeñeces más y nos dirigimos en mi motocicleta Harley Davidson hasta mi domicilio en Obrajes, donde nos esperaba el yatiri Wayruru.

Recién me explicó Macacha que su plan era cumplir con la disposición del Gobierno de k'oar mi casa, porque estaba prohibido ch'allar, noble gesto de mi comadre que demoré en comprender. El yatiri Wayruru hizo la ofrenda a la Pachamama, recitó unas oraciones en seis de los 32 idiomas oficiales que tiene el Estado Plurinacional, según nuestra sabia Constitución, y encendió carbones que desprendían un humillo que pronto desapareció.

Wayruru se marchó luego de cobrarme 200 bolivianos por la ceremonia y nosotros nos dirigimos a nuestra casa en El Alto, desde donde partiremos en mi motocicleta hacia la ciudad de Oruro para bailar en homenaje a la Virgencita del Socavón. Por la noche y en mi habitación, conté los dólares que me quedaban del préstamo de Macacha y comprobé que aún tenía una buena cantidad que Macacha y yo gastaríamos con alegría y fe.

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