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Ascensos a generales


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, viernes, 18 de febrero de 2011

Pese al secreto militar que rige en todas las cuestiones que atañen a las Fuerzas Armadas del Estado Plurinacional, desde la designación de sus más altos comandantes de fuerza hasta la del cabo cocinero del Regimiento Bolívar 1.º de Artillería, los periodistas sabemos que hasta ahora no ha sido emitida la Orden General de Ascensos y Destinos de las FFAA, ni de la Policía, y que el presidente Evo aún no ha decidido quiénes comandarán a militares ni a policías.

Mientras tanto, respetables coroneles de ambas fuerzas han empezado a tocar las puertas de la Asamblea Legislativa, al revés de lo que antes hacían los políticos cuando golpeaban las puertas de los cuarteles, esta vez para hacer conocer a los políticos sus merecimientos para ser ascendidos al generalato, al menos eso dijo un senador masista. Lo sorprendente en este caso es que la inquietud ha llegado hasta niveles populares en los que yo alterno por razones económicas, andando del brazo y por la calle con mi comadre Macacha, que es una cholita cochabambina que me ayuda económicamente y que suele compartir conmigo algunas de mis inquietudes periodísticas y culturales.

Sin embargo, Macacha me sorprendió ayer cuando me preguntó de sopetón si yo conocía al general Cueto, comandante del Ejército, y al general Bersatti y al general Antezana, respondiéndole con pena en forma negativa, aunque para no decepcionarla mucho le manifesté que había oído hablar mucho de ellos, sobre todo del general Cueto, quien había proclamado ser socialista y que el Ejército también lo es, lo cual me dejó temblando hasta el día de hoy. Después de contarle que yo soy omiso y que siento mucho respeto por las Fuerzas Armadas, Macacha recién me contó que un coronel aspirante a general le había buscado insistentemente en su casa hasta que logró entrevistarse con ella para solicitarle su apoyo e influencia entre los senadores masistas que, posiblemente, le debían dinero, al igual que cierto periodista famoso en las noches del “Malena”.

Este avance de un prestigioso militar hacia el fortín de mi comadre Macacha me inquietó y le pregunté a la cholita si el aspirante a general había intentando alguna operación envolvente para ocupar el fortín Macacha, o sea su corazón noble y generoso.

Al entender que yo estaba celoso por la sorpresiva incursión de un valeroso y prestigioso coronel a un territorio que consideraba mío, Macacha me relató algo del avance militar hacia su fortín, manifestándome que el aspirante a general era guapo y fornido, un verdadero kjacha-mozo, mucho más alto y joven que yo. Sin describir más la escena, pregunté a Macacha si ella recomendaría el ascenso a general del mencionado militar ante sus amigos senadores del Movimiento Al Socialismo, respondiendo mi comadre que sí, que lo haría y que precisamente para eso había prestado su plata a varios senadores cuando sólo eran pobres candidatos.

Sin que mi comadre se diera cuenta, avancé sobre su fortín y le dije en la oreja: ayudemos a esos valientes aspirantes a generales para que los senadores reconozcan los méritos de toda su vida militar.

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