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Cocaína por toneladas


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich




La Paz - Bolivia, jueves, 3 de febrero de 2011

Cuando mis amigos yatiris Wayruru, Calimán y Titirico se aprestaban a asesorar al canciller Choquehuanca en su determinación de luchar en las Naciones Unidas para anular las decisiones de la Convención de Viena en materia de estupefacientes, en la que está incluida nuestra “hoja sagrada” de la coca, llegó la noticia bomba que revela nuestro éxito en la exportación de cocaína boliviana.

En momentos en que yo rechazaba enérgicamente una porción de coca contenida en un plato y que también incluía una bolsita de bicarbonato inglés para hacer más agradable la famosa acullicada, vino hacia mí el yatiri Wayruru para enseñarme un periódico cuyo titular hablaba de nuestras exportaciones ilegales de cocaína en países de Europa, Asia y África en el último año y que fueron confiscadas pese a nuestra habilidad para disfrazar los envíos.

Wayruru, con lágrimas en los ojos, agitó la hoja periodística ante mis chaskañawis y me dijo: “Aunque fuera ilegalmente, exportamos nueve toneladas de cocaína made in Bolivia y eso tenemos que celebrar esta noche”. Al enterarme de la noticia, mi cara se puso roja de vergüenza al pensar que en todo el mundo ya nos conocían a los bolivianos como fabricantes y exportadores de cocaína, y que con esa cara nos mirarán en todo el mundo al saber que somos bolivianos.

Solamente Macacha entendió mi vergüenza y mi tristeza, y tomándome la mano, la estrechó con la suya y me dijo dulcemente: “No se entristezca, compadre, porque yo lo acompañaré en todos sus viajes al extranjero y les haré entender que en Bolivia también habemos personas que nunca consumimos coca, ni jamás pensamos en dedicarnos al perverso tráfico de la cocaína.

Sin embargo, el yatiri Wayruru continuó pregonando su alegría y satisfacción porque Bolivia exportó nueve toneladas de cocaína y empezó a calcular cuánto dinero habrían ganado nuestros exportadores de cocaína si sólo un kilogramo de droga se cotiza en 100.000 dólares.

Macacha me apretó la oreja y me dijo en mi mano —al revés—, me apretó la mano y me dijo en la oreja: “No se caliente, compadre, este Wayruru no sabe lo que dice”, pero yo le respondí machamente: “Es que hay cosas que calientan y dan ganas de pelear”, y al ver que Wayruru era más k'aspote que yo, ella se enfrentó al yatiri y le dijo: “Ya lo estás calentando mucho a mi compadre Paulino, pero vas a saber que yo también estoy avergonzada de la producción de cocaína en nuestro país y me duele que nuestro presidente Evo siga siendo el máximo dirigente de los sindicatos cocaleros del Chapare, como también me duele que el ministro de la Presidencia apellide Coca y que el gobernador de La Paz apellide Cocarico, pero lo que más me da bronca es que no tengamos azúcar ni harina ni maíz ni otros productos necesarios para alimentar a nuestro pueblo, y que existan yatiris como usted, Wayruru, que se alegren de que cada día produzcamos mayores cantidades de cocaína.

Fueron valientes las palabras de mi comadre Macacha y Wayruru se fue con el rabo entre las piernas.

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