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Aprenda a bailar con hambre


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, martes, 1 de febrero de 2011

Ante la escasez de alimentos, la elevación de precios en artículos de primera necesidad y también en alquileres, pensiones escolares, ropa y útiles para estudiantes, y el mantenimiento de sueldos y salarios, las autoridades adelantan los carnavales, como sucedió en La Paz.

En efecto, el domingo pasado se realizó en la zona del Cementerio General una ceremonia forzada y plebeya cuando se procedió a desenterrar al Pepino para lanzarlo como pregonero del Carnaval paceño, cuando mi corazón se entristecía ante los muertos aún enterrados bajo las ruinas del edificio Málaga en Santa Cruz y por las víctimas de una riada en Chuquisaca que llegaban a 20.

Al volver de la ceremonia, donde había estado mi comadre Macacha realizando sus operaciones mercantiles, me narró la ceremonia del desentierro del Pepino y me planteó la necesidad de acelerar nuestros planes para celebrar “dignamente” el Carnaval 2012. “Este año tenemos que festejar el Carnaval como nunca lo hicimos antes porque tengo el tink’aso de que podemos entregar las herramientas”, me dijo Macacha, y eso que ella todavía está muy bien de esa parte, pues es 20 años menor que yo.

Al ver mi expresión sombría, ausente de entusiasmo carnavalero, la cholita cochabambina acarició mis cachetes y me dijo:

“Arriba los ánimos, compadre, que usted todavía sopla y juntos soplaremos en el próximo Carnaval en Oruro porque así se lo hemos prometido a la Virgencita del Socavón”.
Aproveché la oportunidad para decirle que todavía le debo 5.000 dólares, más los intereses, por el préstamo que me hizo para divertirnos en el pasado Carnaval, pero ella sonriendo me dijo:
“No se preocupe, compadre, ya Dios se encargará de darme más platita para que la pasemos bomba durante el próximo Carnaval”.
Como mi comadre no sospecha de la brecha que hay entre mis ingresos y mis egresos, y que es tan desesperante como de la mayoría de los que vivimos en ciudades bolivianas, incluida Cochabamba, siguió esgrimiendo sus argumentos para vivir otros locos carnavales, tuve que decirle con energía y con la rudeza que me caracteriza:
“Ya no me friegue más, comadre, lo que pasa es que no me gusta bailar con hambre y pensando en que hay muchos millones de hambrientos a mi alrededor”.
La buena y alegre cholita cochabambina no se dio cuenta de la profundidad de mi respuesta y me dijo alegremente:
“No se preocupe, compadre, iremos a bailar a Oruro como si la crisis no existiera y yo llevaré una bolsa con alimentos que usted cargará sobre su disfraz con una piernita de chancho asada con todos sus ingredientes, y varias marraquetitas y llajuita para que cuando sienta hambre al bailar se detenga un ratito y coma lo que quiera, y luego vuelve usted al baile. También le prometo que cada noche le invitaré a cenar en diferentes locales para que usted no sienta hambre mientras baila en los carnavales."
Acepté la bondadosa propuesta de mi comadre, y dejo una frase a mis lectores: Es difícil bailar con hambre, aunque los bolivianos somos un poco raros.

1 comentario:

  1. Leer a Paulovich es pues, un deleite permanente. Siempre con sus ocurrencias de picardía criolla.

    Quiero saludarlo desde la Llajta con mi mayor aprecio y mis felicitaciones por no fallar ni un sólo día con su Noticia del Perfil y, sobre todas las cosas, por sus geniales obras de inigualable ironía y humor de alto nivel.

    Grande Maestro!!!

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