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No somos tan corruptos


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, jueves, 10 de febrero de 2011

Hace dos días, mientras me encontraba apretando mi magín para conseguir unos pesos y salir de la pobreza, interrumpió mis cavilaciones la llegada siempre alborotera de mi comadre Macacha, mensajera que Dios y mi esposa Pilar enviaron a mi vera para guiar mis pasos en la dura lucha por la vida.

Siempre entusiasta, me ordenó que vistiera mis mejores pilchas porque anteayer se celebraba en Bolivia el Día de la Lucha Contra la Corrupción, porque el presidente Evo convirtió al Viceministerio de Transparencia en Ministerio, siendo la titular la señora Nardi Suxo.

Al conocer un hecho tan importante en nuestra Historia, no pude menos que ruborizarme, pues tuve que decirle a mi comadre que jamás en mi larga y accidentada vida había tenido la oportunidad de conocer a una señora de tantas virtudes. Al ver que me había puesto colorado al sólo escuchar el nombre de la señora Nardi Suxo, mi comadre me preguntó si yo me consideraba un corrupto y que por eso tenía miedo de ir a saludar a la señora Nardi en el aniversario de su consagración ministerial.

Me dolió la pregunta de mi comadre cochabambina y le respondí que yo no me consideraba un corrupto y que ella más que nadie sabía de mis penurias económicas y de mi honestidad periodística, hechos que marchan paralelos en mi existencia, y que a ella (a mi comadre) le constaba que yo no soy ningún corrupto y que muchas veces resistí la tentación de ser vista de Aduana por el triste hecho de ser casi ciego.

Mi pariente espiritual reconoció algunas cosas honestas en mi vida y me pidió que la acompañara al despacho de la Ministra de Transparencia, señora Nardi Suxo, para saludarla en su día y reconocer sus virtudes.

Ante esa proposición, volví a ponerme colorado y dije a mi comadre: “No, comadrita, no me lleve ante la presencia de la Ministra de Transparencia porque seguramente me va a hacer una radiografía de mi conciencia y me va a abochornar ante su personal y hasta podría iniciarme un proceso de investigación por los dineros que gasto en el Bar Chuma y en el Naiclú Malena y que proceden de usted y de algunas tías mías que viven en Europa y en Cochabamba.

Mi comadre me prometió que nada de eso sucedería y que, como buen ciudadano, debería acompañarla e ir juntos a felicitar a la ministra de Transparencia, la señora Nardi.

Me encerré en mi negativa y dije a mi comadre: yo no soy ningún corrupto, pero tampoco soy un cartucho que nunca ha coimeado a ningún agente del Tránsito ni a ningún inspector de la Renta ni a ningún vista de Aduana. Le repito, “comadre, no soy un corrupto, como muchos que conocemos, pero tampoco soy tan inocente como para ir a estrechar la manita incorruptible de esta Virgen del Sol que lucha contra la corrupción sabiendo que en nuestro país, donde hay tantos millones de pobres, la corrupción se cuela por todas partes”.

Al final. Macacha se fastidió y se fue sola montada en mi motocicleta Harley Davidson como si fuera de ella. ¡Ah, las mujeres! Menos mal que ésta es sólo mi comadre.

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