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Venta de órganos por la crisis


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, domingo, 20 de febrero de 2011

Ayer me encontraba muy deprimido después de haber ido al mercado Rodríguez acompañado por mi comadre Macacha y haber comprobado una vez más que “esta vida ya no es vida” como dice una tonada popular; tal es la pobreza por la que atravesamos que una cholita desnutrida se me acercó y me dijo: “Caballero, le vendo un huevo”, contestándole muy abatido: “¿Y qué me hago yo con un huevo vendado?”.

Pero Dios no se olvida de sus ovejitas y al llegar a mi casa me encontré con una invitación del Ateneo “Pericles” de Cochabamba para una sesión académica en el Bar Comercio de la ciudad jardín, donde prestigiosos pensadores greco–cochabambinos debatirían sobre el tema “La crisis y la venta de órganos”, tema de palpitante actualidad.

Mi comadre cochabambina, que es la persona más interesada en ayudarme a salir de mi postración económica, no sólo para recobrar su dinero que me tiene prestado, sino para programar nuestros próximos carnavales que están muy cerca, me dijo: “Vamos a Cochabamba, compadre, a lo mejor allí puedas vender un huevo u otras cosas”.

Montamos en mi motocicleta Harley Davidson y nos dirigimos a la ciudad del Rocha River en un nuevo raid que esta vez fue bautizado “Polleras al viento para venta de órganos”. A mediodía llegamos a la capital científica de Bolivia y nos dirigimos al Bar Comercio, donde nos recibió el pensador greco–cochabambino Aristóteles Giorgiadis Quiroga.

La sesión ya había comenzado con la denuncia del tráfico de órganos humanos aprovechando de la pobreza de la ciudadanía en general, hecho que me entristeció y al mismo tiempo aumentó mis esperanzas de recuperación económica en caso de poder vender algunos de mis órganos en buen estado. Un inteligente ciudadano cochabambino dijo que este asunto debería ser tratado con la mayor seriedad, porque la crisis económica es de tal dimensión, que algunos ciudadanos podrían vender sus cabezas al exterior, causando un daño irreparable a Cochabamba y Bolivia y demorando la revolución en 50 años.

Macacha hizo uso de la palabra, aclarando previamente que ninguno de sus órganos se hallaba en venta, pero que apoyaba la decisión de los ciudadanos que quisieran vender otros órganos que no fueran sus cabezas para mejorar su situación económica, pagar los préstamos que habían contraído y asegurar su alegría durante el próximo carnaval y algunos venideros.

Hubo importantes mociones que se presentaron como el control de estas operaciones económicas y quirúrgicas para evitar que los contrabandistas se beneficien exportando ilegalmente a los países vecinos corazones, cerebros, hígados y riñones bolivianos.

Al final, se hizo una mesa de negocios en la que se realizaron operaciones por un millón de dólares. Yo no vendía nada y Macacha me dijo: “No importa, compadre, que no hubiera podido vender ninguno de sus órganos, porque le he prometido a su mujer, que es mi comadre, que lo devolvería completito”. Es que la chola cochabambina es muy noble.

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