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Lydia Gueiler, cochabambina


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, jueves, 12 de mayo de 2011

La noticia del fallecimiento de la señora Lydia Gueiler Tejada nos entristeció a todos y asistí a su funeral en el Palacio Legislativo en compañía de mi comadre cochabambina, ambos vestidos de negro en señal de un sincero duelo, Macacha, por su paisanaje, y yo como un periodista amigo que siguió su larga trayectoria histórica.

Deseosa de conocer todo acerca de la señora Gueiler, mi comadre me preguntó si yo había conocido a doña Lydia desde que ella fue una niña, contestándole que casi–casi, aunque yo era un poco menor, porque ella falleció a sus 90 años y yo me voy acercando peligrosamente a dicha edad.

Mi comadre escuchaba casi devocionalmente todas las referencias periodísticas que yo le proporcionaba acerca de esa figura casi excepcional que fue la señora Gueiler, la primera y única mujer que llegó a ser presidenta de la República de Bolivia, hoy convertida en el Estado Plurinacional, Multicolor y Folklórico. Al reflexionar Macacha acerca de que doña Lydia fue la única mujer que llegó a un sitial tan alto, no pudo contenerse y exclamó: “Tenía que ser cochabambina, porque las cochalas somos valerosas, además de inteligentes y guapas”.

Su comentario me gustó y aproveché la oportunidad para decirle que la belleza de la señora Lydia fue proverbial y que alguna gente acudía a las canchas de tenis de La Paz y Cochabamba para verla jugar y apreciar mejor sus dotes de belleza femenina. Mi pariente espiritual me preguntó si yo la había visto jugar a Lydia en alguna cancha de tenis, respondiéndole que no, porque en esos tiempos yo era un hualaycho que jugaba al fútbol con pelota de trapo, algo que decepcionó a Macacha.

Respecto del valor o valentía de la legendaria cochabambina, mi comadre me preguntó si yo conocía algunos hechos protagonizados por la que acaba de desaparecer.

Le referí la hazaña conocida por todos los cochabambinos que protagonizó Lydia cuando era muy jovencita y se enamoró de un prisionero paraguayo quien fue conducido a La Paz, cuando nuestro país combatía con el Paraguay por el Chaco. Se casó con el exenemigo y tuvo una hija, quien la cuidó y acompañó hasta el final. Macacha se entusiasmó al conocer esta historia de la vida real y prorrumpió en aplausos en medio del duelo para luego decirme en la oreja: “¡Hurra por esa valerosa mujer, así amamos todas las cochabambinas, gloria a doña Lydia Gueiler Tejada”.

En vista del éxito que tuvo mi relato en la percepción de mi comadre Macacha, aproveché para contarle que cuando Lydia era muy joven aún trabajaba en el Banco Central de Bolivia, fue dirigente sindical de los empleados bancarios y condujo a éstos en inolvidables marchas callejeras, enarbolando las banderas revolucionarias del Movimiento Nacionalista Revolucionario, antes de la Revolución del 9 de abril de 1952. También combatió en las jornadas de abril.

Quise contarle otras hazañas de doña Lydia Gueiler, y Macacha me dijo que toda esa hermosa y valiente historia vivida por la señora Gueiler le había confirmado el gran valor de las mujeres cochabambinas.

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