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Ser opositor trae k’encherío


ALFONSO PRUDENCIO CLAURE Paulovich
© LOS TIEMPOS / Cochabamba, Bolivia
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© by Paulovich



La Paz - Bolivia, jueves, 19 de mayo de 2011

Al comprobar que me va mal en todo, que hasta hoy no me aumentan de sueldo, que mi esposa se demora en enviarme sus remesas, que mi comadre Macacha anda muy rara conmigo desde que le apareció un admirador que saldrá magistrado, no tuve más remedio que admitir que pesa un k’encherío sobre mí. ¿Quién me pudo haber k’enchachado…?

En la primera que pensé como autora de este maleficio fue en mi comadre cochabambina, y cuando ella vino a visitarme le dije de sopetón y sin preámbulo alguno: “Usted me ha k’enchachado, comadre, y ahora mismo me tendrá que hacer el desembrujo, o publicaré en la prensa mundial que es una bruja y anda en tratos con el Diablo”. Ella se puso pálida, se santiguó tres veces y farfullando me dijo que ella no sabía de embrujos porque era devota de la Virgen de Urkupiña y de la Virgen del Socavón.

Advertí sinceridad en sus palabras, pero llevado por mi desesperación le dije que había comprobado la desaparición de uno de mis calzoncillos y que yo sabía que esa prenda era utilizada por las hechiceras para embrujar, k’enchachar a otra persona, para poder dominarla totalmente. Mi comadre negó vehementemente ese accionar demoníaco y me propuso que consultáramos mi caso con uno de nuestros amigos yatiris para encontrar una solución al k’encherío que cada día me hacía más pobre y más infortunado en el amor.

Elegimos a Wayruru y nos dirigimos a su consultorio que compartía con Calimán y Titirico, quienes por un tiempo largo se hallan cumpliendo labores oficiales en la Asamblea Legislativa escogiendo candidatos a magistrados para las próximas elecciones. O sea que Wayruru está ahora solo en el Consultorio de Adivinación Política y Sentimental de El Alto.

Teniendo a mi comadre por testigo, le declaré las desventuras económicas y sentimentales que me condujeron a la creencia de estar k’enchachado y mi deseo de que él, como yatiri, procediera a mi desembrujo para volver a ser feliz y adinerado, y, sobre todo, afortunado en mis relaciones con las damas, porque hacía dos años que no me comía ni una chancha atada.

El sabio yatiri sonrió ante mi rosario de penas y me dijo:

“Usted, don Paulino Huanca, sufre lo que los yatiris llamamos ‘la maldición de Orinoca’, que es la que cae sobre todos los opositores a este gobierno democrático y que están sufriendo como el exprefecto de Pando, que ya cumplirá tres años de prisión preventiva en Chonchocoro; la maldición la sufre el exprefecto de Tarija, señor Cossío, refugiado en el Paraguay; el prefecto del Beni, encarcelado en su propia casa, donde deberá seguir trabajando y pagar una fianza; el exprefecto de Cochabamba; el exministro de Gobierno de Banzer, señor Guillermo Fortún; el exalcalde electo de Potosí, que está enjuiciado; el exalcalde de Sucre, que anda perseguido; el Gobernador de Santa Cruz, quien fue baleado por un atracador, y muchos más a quienes persigue el k’encherío. Usted debe considerarse afortunado. No está k’enchachado, porque tiene a su lado a su comadre Macacha, quien ya le ha dicho muchas veces ‘mientras yo esté a su lado, nada le faltará…’”.

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