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Bailarán hasta los monolitos



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Domingo, 17 de enero de 2010

Como la mayoría de los bolivianos me encuentro emocionado ante el anunciado retorno al esplendor de la época tiwanacota aunque sólo fuera por algunas horas, cuando el presidente Evo Morales reciba por segunda vez el mando de las autoridades originarias, en este caso de los aymaras, aunque hasta el momento no recibí ninguna invitación.

Con rara astucia decidí la noche del viernes hacerme presente en el naiclú “Malena" de la ciudad de El Alto, donde con toda seguridad encontraría a mis amigos yatiris Calimán y Titirico, asesores del “Comité de Festejos Tiwanacotas en honor al presidente Evo (Segunda parte)" y allí estaban organizando esta fiesta, única en el mundo, pues se combinaban elementos espirituales y físicos anteriores al Incario con otros contemporáneos como son los helicópteros, aviones, cámaras de televisión, urinarios movibles y otros.

Me quejé a los yatiris por no haber recibido hasta ese momento una invitación para asociarme al histórico festejo y Calimán me dijo:

“No te quejes porque podrían llamarte quejudo, seguramente mañana llegará la invitación que está grabada en piedra, como corresponde, además no necesitas ninguna tarjeta de piedra porque nosotros estamos organizando ese acto importante y trascendental y dentro de dos horas partiremos hacia Tiwanacu.

Agradecí la cortesía del aymara y llamé por teléfono a mi esposa para comunicarle mi inminente partida a Tiwanacu para participar de la original investidura presidencial que se realizaría ante el príncipe heredero de la corona de España, Felipe de Borbón, varios presidentes y Jefes de Gobierno, además de campesinos traídos de países vecinos y que fueron convocados posiblemente por pututus, tambores o señales de humo, además por mensajes enviados por Internet. Mi esposa se fastidió por este mi súbito viaje a una capital que fue anterior al descubrimiento de América, pero al saber que allí podría estar el príncipe Felipe de Asturias se tranquilizó y me pidió que saludara a Su Alteza Real en nombre de una aragonesa que lo admira.

Ya en Tiwanacu me proporcionaron mi disfraz de aborigen que me quedó fetén y aunque mi perfil de mestizo denunciaba mi impostura. Dije a Titirico que yo no sabía hablar aymara ni quechua, pero el brujo me tranquilizó diciéndo:

“No te preocupes, el presidente Evo tampoco habla lenguas indígenas".
Luego limpiamos monolitos y piezas arqueológicas y les untamos crema Nivea y de lechuga para que se vean más jóvenes y guapos.

El yatiri Calimán abrió su maletín James Bond con clave secreta y sacando un fajo de dólares de a cien le encargó a su secretario que contratara a 500 cholas del lugar para la preparación y expendio gratuito de 20 mil sandwiches de chola, 10 mil raciones de chicharrón con mote y chuño, 15 mil anticuchos y 20 mil salteñas para el glorioso día de la posesión del presidente Evo, legítimo sucesor de los mallkus aymaras y también de los Incas quechuas. Todos comenzamos a bailar esperando la llegada del Helicóptero Presidencial. Y vi bailar hasta a los Monolitos.

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