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Respetarían mis bienes



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Jueves, 28 de enero de 2010

Como no me gusta mentir, les cuento que la otra tarde tuve un encuentro clandestino con mi comadre Macacha en el Café Maibuey de la zona Norte, cerca del Parque Riosinho, escenario de mis amoríos juveniles.

Mi encuentro no tuvo motivaciones románticas pues cité a mi comadre para que ella pudiera informarme acerca del Estado Socialista que anunció el vicepresidente Álvaro García Linera y que sería implantado poco a poco y con salivita para que no nos duela mucho.

Comencé por decirle a mi comadre: “Yo no le tengo miedo al Socialismo”, pero la cholita, que es más viva que las arañas, me dijo: “Sin embargo tus rodillas están temblando como si quisieras bicicletearme y hasta la mesa se ha puesto tembleque”, manifestándole que mis temblequeos obedecían a otra clase de emociones.

Cuando cesaron mis temblores, la chola cochabambina puso su cara de intelectual y con un gesto que era mezcla de Anaya y Rodríguez Zapatero (Presidente de España) me dijo:

“No te preocupes, guaguay, hay muchas clases de Socialismo: caribeño que es el peor, chileno que fue bueno, escandinavo que es un ‘chiche’, y español, que ha sido bastante inteligente”.

Dije a mi comadre mi acuerdo con ella, pero que si ahora me temblaban las rodillas era por mi temor al “socialismo hualaycho”, hecho más de instintos y sentimientos de revancha que de sanas ideas de mejorar la suerte de los desposeídos.

Mi pariente espiritual comprendió mi preocupación y dijo para tranquilizarme y sobre todo para terminar de una vez con mi temblequeo en las rodillas que al chocar con las suyas la ponían nerviosa:

“No te angusties, guaguay, mejor dicho compadrituy, el Gobierno ha declarado que garantiza la propiedad de bienes privados, así que no temas por tu casita y otros bienes que pudieras poseer."
Perdí la lividez de mi rostro, mis rodillas dejaron de temblar y un suspiro muy profundo inundó de aire al local e hizo balancear una lámpara que colgaba del techo.

La cholita cochabambina, que es astutísima, quiso conseguir una declaración verbal de todas mis propiedades que poseo en La Paz, Colcapirhua, Tiraque y Sacaba, y mi casita cercana en Pichuloma, pero preferí callar prudentemente para que siguiera creyéndome pobre y continuaría solicitándole préstamos en dinero, sobre todo ahora que se aproxima peligrosamente el Carnaval.

Haciéndole una pequeña concesión le conté que poseo un colchón maravilloso de dos plazas y media y caja fuerte incorporada, una guitarra que guardo en el ropero y una bacinica de plata que gané en juego a un ilustre chuquisaqueño hoy venido a menos y que se niega a venderme otra bacinica gemela porque pertenece a su mujer.

Mi comadre Macacha me preguntó si todo lo declarado cumple una función social, respondiéndole que todos y especialmente mi bacinica de plata.

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