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El dios de la abundancia



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Domingo, 24 de enero de 2010

Hoy se celebra el Día del Ekeko, al que la imaginación calenturienta de los cholos paceños nos lleva a llamarle “el dios de la abundancia” aún en tiempos de pobreza, desocupación, frustraciones y hambre en algunos sectores de la población.

Esta mañana muy temprano fui despertado por mi esposa, quien cariñosamente me dio un codazo en mi costillar y me dijo:

“Felicidades, cholito mío, porque hoy es la fiesta de todos los enanos, petizos, mok’os, pequeñajos y de estatura breve”.

Levantándome en sus brazos y besándome cariñosamente en la oreja como le tengo enseñado. A continuación me bañó en agua caliente para luego secarme con cuidado y ternura para después rociarme con talco para niños mezclado con Royal, como le aconsejó una comadre chola preocupada por mi lento crecimiento.

Luego de perfumarse me vistió con esmero conduciéndome en sus brazos hasta la Feria de Alasita situada en el Parque Central. Durante el trayecto que ella lo hizo a pie y yo cargado en sus brazos recibió muchos saludos y felicitaciones por el cuasi niño que portaba en sus brazos, dialogando conmigo en el camino acerca del Ekeko, un diocesillo aymara con cara de tendero español, al que la leyenda hace nacer en el siglo 18 durante el cerco a la ciudad de La Paz protagonizado por los indígenas aymaras dirigidos por Túpac Katari.

Mi esposa hispanoparlante, quien no cree en fetiches ni ídolos
aymaras, se sorprendió cuando le pedí respeto por este diocesillo de la abundancia y me dijo:

“Yo no sé la razón por la cual sigues creyendo en el Ekeko si te ha fallado durante toda tu vida y nunca fuiste próspero pues tuviste que vivir como un modesto periodista que algunas veces tuvo que recurrir a préstamos de algunas cholas ricas…”.

Defendí al Ekeko diciendo a la española:

“Es verdad que el Ekeko nunca me hizo nadar en el mar de la abundancia, porque muchos paceños no sabemos nadar y tal vez me habría ahogado en esas aguas, pero siempre gané más de lo que gasté y creo que fue el Ekeko quien convenció a algunas de mis comadres cholas para que me prestaran algunos dinerillos diciéndoles en sus orejas que Paulino Huanca es un buen tipo y le llaman ‘la verruga endiablada’”.

Mi esposa no se sintió convencida por mis argumentos y continuó diciéndome:

“No deberías seguir creyendo en ese idolillo popular porque tus dólares de Alasita que siempre compraste en la feria nunca se convirtieron en dólares de verdad, los camioncitos en miniatura que adquiriste nunca se transformaron en camiones de verdad como tienen algunos felices transportistas, dirigentes del gremio, y jamás pudiste ser propietario de un periódico a pesar de que todos los años compras todos los periódicos de Alasita”.

Escuché sus argumentos con respeto pero al final no pude reprimir mi grito:

“Jamás aceptaré que me digas que el Ekeko es un diocesillo falluto, porque los bolivianos vivimos en la abundancia, tenemos abundancia de pobres, abundancia de desocupados, abundancia de políticos corruptos, de yatiris y abundancia de impostores y bellacos”.

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