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Los yatiris no pararon



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Jueves, 6 de mayo de 2010

Como mis amigos y parientes saben, soy un fanático de los paros, bloqueos, marchas y manifestaciones sin importarme los motivos que los originan y es tal la felicidad que siento al adherirme a tales actividades, que en una oportunidad, cuando me perdí de mi hogar durante seis días marchando por Evo desde Cochabamba a La Paz cuando él era diputado, mi esposa me llevó al consultorio de un psiquiatra para que me examinara.

El afamado galeno Dr. Marcelo de la Quintana me observó con cuidado y me interrogó larga y profundamente, y hasta me sometió al psicoanálisis mientras mi llorosa esposa me sujetaba fuertemente en el diván; concluida la prueba le dijo a ella:

“Tu esposo sufre de un síndrome de manifestante a raíz de una lesión cerebral que le impulsa compulsivamente a gritar sus sentimientos en calles y caminos”.
A raíz de esa lesión cerebral no puedo dejar de adherirme a cualquier manifestación, habiendo sido muy feliz durante los años de la diputación de Evo hasta que él llegó a la Presidencia de la República en enero del 2006, momento en el que desaparecieron las marchas y bloqueos y las manifestaciones públicas que me hacían tan dichoso. Al desaparecer esas actuaciones públicas mi vida se tornó lánguida y aburrida, y dejé mis demostraciones entusiásticas de amor hacia mi amada esposa. Es que me faltaba el incentivo de las marchas públicas que felizmente se reiniciaron el pasado martes, cuando me lancé a las calles paceñas para adherirme a todas las manifestaciones públicas que encontré a mi paso, concluyendo en una modesta marcha que apoyaba a las esposas e hijos de los Policías de baja graduación.

Ya al anochecer me dirigí a la ciudad de El Alto para impartir mis clases de tango que me son pagadas al contado por mis exhaustas discípulas que son muy honradas y cumplidas. Después busqué a mis amigos yatiris, que se encontraban en otro salón del Naiclú “Malena” analizando la situación política, social y el retorno al país de la sana práctica de las marchas, bloqueos y manifestaciones de protesta.

Al ver mi rostro radiante de felicidad, Titirico y Calimán adivinaron (para eso son brujos andinos) que yo retornaba de alguna manifestación pública en la ciudad de La Paz, relatándoles que asistí a todas las que pude y que llevado de mi entusiasmo grité “¡Muera Stalin y muera Lenin!” sin darme cuenta de que los mencionados ya habían entregado la herramienta al Diablo hace muchísimos años.

Calimán, fastidiado, me preguntó a qué herramientas me refería, respondiéndole: Me refiero a la hoz y al martillo.

Luego me enteré de que los yatiris no pararon en contra del incremento del cinco por ciento ofrecido por el Gobierno a los trabajadores del país y que no les gustaba nada el panorama actual, aunque Titirico me dijo que esta ola de protestas pasará pronto, asegurándome que el Gobierno tiene la sartén por el mango.

La verdad es que todos vivimos una jornada intensa y significativa.

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