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Mil fábricas de vela



© by Paulovich



La Paz - Bolivia, Miércoles, 5 de mayo de 2010

La imaginación calenturienta y económica de mi comadre Macacha es increíble. Mientras yo pobre periodista me quemaba las pestañas estudiando los pros y los contras de la nacionalización de las empresas que producen energía eléctrica en nuestro país y me debatía en medio de megaciclos, kilociclos y triciclos, llegó triunfante a mi casa la mencionada chola cochabambina y me dijo después de abrazarme laminadoramente:

“Eureka, compadre, eureka, acabo de encontrar la fórmula para volvernos inmensamente ricos”.
A continuación me cubrió de mistura y me envolvió con serpentinas de colores, mientras hacía reventar cohetillos, buscapiques, bombitas y matasuegras bajo mi lecho conyugal y en medio de mi modesto living.

Cuando se serenó un poco, ingresamos a mi escritorio y descorchando una botella de champaña me roció de burbujas y brindó “por Macacha y su compadre Paulino Huanca, los nuevos multimillonarios del régimen socialista, marxista y katarista”, llevándome nuevamente al living, donde ocupó el sofá que se rindió al peso de sus caderas. Dijo Macacha:

“Muy pronto seremos los reyes de las velas, pues produciremos velas para diez millones de felices bolivianos que sufrirán apagones de luz durante algunas noches sin previo aviso porque la energía eléctrica acaba de ser nacionalizada por el presidente Evo, su vicepresidente Álvaro y por sus ministros y viceministros”.
Pregunté a mi comadre si conoce la producción de velas en el país y si existen muchas fábricas que producen ese producto, respondiéndome:
“Son muy pocas las fábricas de velas en el país porque su consumo fue disminuyendo a medida del crecimiento del consumo eléctrico tanto en ciudades como en los pueblos, también su utilización en los templos y capillas fue bajando, salvo en días como el de la Virgen de Urkupiña, Cotoca y Copacabana, y los dedicados al santo patrono del lugar”.
Pregunté a mi comadre si el consumo de las velas en los hogares citadinos también había reducido, respondiéndome la economista cochabambina, doctora Oloris Causa de la Universidad de la Muyurina:
“En cada casa suele guardarse una vela o dos para casos repentinos de oscurecimiento y se las volvía a apagar cuando la energía eléctrica retornaba”.
Cuando quise saber cuántas fábricas de velas levantaríamos, ella me habló de que comenzaríamos con mil distribuidas así: 200 en La Paz por ser la sede del Gobierno, de la Asamblea Legislativa y el Cuerpo Diplomático, lo que permitiría las sesiones del gabinete del presidente Evo, la aprobación por dos tercios de leyes muy importantes que pronto se haría levantando velas encendidas y las recepciones diplomáticas que lucirían más elegantes en salones alumbrados por cirios de lujo y preciosos candiles en los centros de cada mesa. ¡Una belleza! Macacha también me dijo que igual cantidad de fábricas serían instaladas en Cochabamba y Santa Cruz.

Me habló con tanto enamoramiento de su proyecto industrial, que también sería mío, que le dije: “¡Adelante con los faroles, comadre, y dentro de ellos nuestras velas!

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